Caballeros del León de Judá No. 30

Hablar de Jean-Baptiste Willermoz es hablar de un francmasón de una envergadura excepcional, sin lugar a dudas, una de las personalidades más eminentes y más considerables de la historia y evolución de la francmasonería (sobre todo de la masonería francesa). Verdadero padre fundador del Régimen Escocés Rectificado, fue el arquitecto en jefe de un edificio que aún subsiste firmemente a pesar de sorprendentes vicisitudes. Nació en Lyon, Francia, el 10 de julio de 1730, y falleció en la misma ciudad, después de 94 años, el 29 de mayo de 1824, siendo el hijo menor de una familia de doce hermanos.

Siendo un habilidoso empresario, Jean-Baptiste Willermoz se retiró a los 56 años, tras la venta de su fondo de comercio a sus principales empleados, lo que demuestra que, si no con una fortuna hecha, al menos tenía una situación económica lo suficientemente cómoda y desahogada, como para permitirle vivir en lo sucesivo de sus rentas, y poder entregarse apasionadamente a la francmasonería y a una de sus actividades favoritas: recoger, estudiar y comparar los rituales de todos los grados posibles.

En 1796, a la edad de 65 años, contrae nupcias con Jeannette Pascal de 24 años (algo normal en la época). En 1804 la Sra. Willermoz dio a luz una niña, que sólo vivió algunos días (Willermoz tenía entonces 74 años). Al año siguiente, el 20 de septiembre de 1805 alumbró al pequeño Jean- Baptiste-François de Sales-Claudius y finalmente, en 1808 un parto prematuro le quitó la vida.

Jean-Baptiste Willermoz se encontró viudo a los 78 años con la responsabilidad del pequeño Jean-Baptiste-François de 3 años de edad, en quien depositó todas sus esperanzas. Con vistas a la instrucción futura de su hijo, Willermoz redactó a la sazón importantes documentos: nueve cuadernos clasificados en sus archivos bajo el título general siguiente: “Instrucción particular y secreta a mi hijo, para serle comunicada cuando tenga la edad de perfecta virilidad, si es que entonces se muestra digno de recibirla” (en la actualidad en el fondo Kloss de la biblioteca del Gran Oriente de Holanda, en La Haya; en la biblioteca municipal de Lyon, fondo Willermoz, entre otros).

Unos años más tarde, cuando Jean-Baptiste Willermoz tenía 82 años, fallece súbitamente el pequeño Jean-Baptiste-François de Sales-Claudius, el 23 de octubre de 1812, contando solamente con 7 años de edad.

Encontrándose Jean-Baptiste Willermoz sin descendencia directa, volvió́ su afecto y sus esperanzas, principalmente masónicas, hacia su sobrino, hijo de su hermano Antoine, y que debería ser su ahijado, puesto que también se nombraba Jean-Baptiste. No obstante, su verdadero heredero masónico fue Antoine-Joseph Pont (hijo de un amigo de su hermano Antoine, y al único que junto a su sobrino Jean-Baptiste, inició Willermoz después de la Revolución Francesa).

De entre los escritores masónicos del siglo XVIII, podemos decir sin vacilar un instante que Jean Baptiste-Willermoz es el único escritor metafísico, el único que desarrolla una concepción metafísica, es decir puramente espiritual y esotérica, y no solamente moral o social de la francmasonería. Una concepción que contempla al hombre como un todo: su pasado, su presente y su porvenir, porque es relativa al ser del hombre, es una concepción ontológica.

Jean-Baptiste Willermoz fue iniciado en una logia de Lyon en 1750 (se desconoce el nombre), a la edad de 20 años y en poco tiempo, repudió la frivolidad y la indisciplina reinante en las logias. Posteriormente, en 1753 fundó la logia la Parfaite Amitié, ocupando el cargo de Venerable Maestro hasta 1762. La patente de constitución que Willermoz obtuvo el 21 de noviembre de 1756, para la «Parfaite Amitié», es el documento lionés más antiguo emanado de la Gran Logia de París.

Posteriormente, Jean-Baptiste Willermoz junto con varios hermanos de Estrasburgo, Lyon y Burdeos, son recibidos formalmente en la Estricta Observancia Templaria. Bajo el nombre de Eques ab Eremo («Caballero Bautista del desierto»), Jean-Baptiste Willermoz es armado caballero, representando en su blasón, a un eremita llevando una lanza sobre su hombro y teniendo como divisa «Vox in deserto»

Jean-Marc Vivenza (2019)
Historial Gran Priorato de las Galias

El 4 de mayo de 1760, Willermoz contribuye a la formación de la Gran Logia de los Maestros Regulares de Lyon (Grande Loge des Maîtres Réguliers de Lyon), inmediatamente reconocida y patentada el 18 de julio de 1761 por la Gran Logia de Francia. Jean-Baptiste Willermoz es nombrado Gran Maestro hasta 1763, cuando toma el cargo de Guarda Sellos; facilitando a Willermoz el acceso y estudio comparativo de rituales de todos los grados posibles, examinándolos cuidadosamente a fin de encontrar la verdad de la francmasonería.

A través de los años, Jean-Baptiste Willermoz realizará un estudio profundo de la francmasonería de su tiempo, como podemos constatar:

Son tantas masonerías que Willermoz, siente que son inferiores y falaces más tarde dirá «apócrifas». Aun así, prosigue su búsqueda de una francmasonería superior y auténtica de la que presiente su existencia. Reúne, colecciona, experimenta los grados; los elabora él mismo (al interior del Capítulo formado por él y otros hermanos, conocido como «Capítulo de los Caballeros del Aguila Negra»). Tal parece ser el caso, del grado Rosa Cruz, grado último de un sistema en 25 grados practicados en Lyon alrededor del año 1765, el cual se convertiría en el Rito de Perfección, y futuro grado XVIII del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Tiempo después, Jean-Baptiste Willermoz conoce al enigmático Martines de Pasqually, quien lo invita a la Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coens del Universo, en la cual fue recibido y luego avanzado en 1767 y 1768. Es entonces que se produjo la revelación a la que aspiraba desde siempre, y que coronando sus esfuerzos, le aportó la confirmación de que había tenido razón al perseverar en su búsqueda, como lo relata el mismo:

Con la doctrina de Martínes de Pasqually, enseñada en la Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coens del Universo, la Masonería encuentra su verdadera naturaleza. Esta naturaleza, Joseph de Maîstre, la definiría como «el gran objetivo de la Masonería será la ciencia del hombre»

Expresado en términos patrísticos es la pérdida, y luego la restitución en el hombre, de la semejanza a la imagen que perdura inalterable. El objeto y el objetivo de la iniciación es, pues, el retorno de la deformidad a la conformidad, del estado caído al estado anterior a la caída. Tal y como está claramente indicado en el título de la obra inacabada de Martines, “Tratado sobre la reintegración de los seres creados en sus primitivas propiedades, virtudes y poderes espirituales divinos.”

La Revolución francesa (5 de mayo de 1789) desencadena un intenso periodo de inestabilidad, que finaliza con el golpe de estado realizado por Napoleón Bonaparte (9 de noviembre de 1799). El Régimen Rectificado se refugia en Suiza durante el periodo revolucionario.

Bajo la Convención y principalmente bajo el gobierno del Terror, se interrumpió toda actividad masónica (1793-1795), especialmente con la espectacular abdicación del Gran Maestro Philippe-Egalité en enero de 1793. La francmasonería ya no se despertará hasta 1795-96, gracias al esfuerzo y cuidados de Roettiers de Montaleau, antiguo venerable maestro (en 1793) de la logia Centre des Amis.

Junto con su hermano el doctor Pierre-Jacques Willermoz y su íntimo colaborador Périsse-Duluc, Jean-Baptiste Willermoz se alineó entre los «patriotas» (de centro), es decir, partidarios de la Revolución, pero moderada; Willermoz era un «monárquico constitucional». Pertenecía a la «Sociedad de los amigos de la Revolución». Sus miembros, vulgarmente llamados los Feuillants, (entre los cuales se encontraban personajes como Sieyes, André Chénier, La Fayette, etc.), eran combatidos igualmente por los monárquicos intransigentes, los contra revolucionarios, y por los revolucionarios extremistas o Jacobinos.